Constantemente pensaba en los pequeños espacios que había dejado sin pintar en la pared de mi cuarto. Al despertar lo único que miraba era los espermatozoides de mi techo, la gran mancha de humedad y a los hoyitos de luz que se colaban por la cortina. Jamás pensé que ese día llegaría tan pronto.
Salí corriendo de la habitación, grité varias veces el nombre de mi hermano. Sin respuesta, salí a la calle, ni aire, ni cielo, nada, solo un inmenso espacio negro en donde la casa también se perdió. Entonces pude recordar aquella petición después de leer las últimas líneas del extraño libro del abuelo "Desasearía que un día como estos, me pasara algo infinito".
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